Veredas

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Derribo y construcción del juego de bolos en vereda. Apodaka (Álava), 1984. Isidro Sáenz de Urturi. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

En los pueblos de Álava todos los vecinos tienen que contribuir al mantenimiento de las propiedades del pueblo: edificios, caminos y terrenos. Para ello se hace una prestación personal vecinal conocida como vereda.

El regidor o presidente de la junta administrativa convocaba a campana tañida el concejo, hoy se buzonea una circular por las casas. En otro tiempo, la circular se pasaba de casa en casa; el regidor la llevaba a la más próxima a la suya y este a la siguiente hasta que se cerraba el círculo en la que había salido. En ella se anunciaba la hora, que si era día laborable se recordaba a toque de campana y si se trataba de un asunto sin mucha importancia se trataba el domingo a la salida de misa.

La mayoría de los concejos que se hacían delante de la iglesia eran para señalar la apertura de rastrojeras para el ganado, de coteados (acotados) para el ganado, a qué casa le correspondía en primer lugar cuidar en las rastrojeras el ganado mayor si no contaban con pastor del pueblo, qué día tenían que entrar los animales de diente corto (yeguas, ovejas y cabras).

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Nuevo amojonamiento entre Arluzea, Apellaniz, Berrozi y Vírgala Mayor (Álava), 2015. Isidro Sáenz de Urturi. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Las otras veredas se discutían en el concejo: arreglo de caminos y cuánto se iba a pagar a quienes aportaran la pareja de bueyes, cierre de los montes y revisión de los mismos, qué equipo debía acudir a limpiar las alcantarillas de los caminos, personal que acompañaría al guarda forestal a marcar las fogueras, veredas para limpiar el cauce del molino y cubo, quienes acompañarían al picador de la piedra del molino, quiénes debían limpiar de nieve las entradas al pueblo, etc.

El día de la vereda la campana de la iglesia daba ocho toques. Cada vecino tenía que acudir con la herramienta que le habían asignado o, en su caso, con la pareja de bueyes y el carro. El pueblo les proporcionaba un par de azumbres de vino o más para la hora del almuerzo según los que fuesen.

A la vereda no pueden ir menores de 16 años, recientemente se han incorporado también las mujeres. En la mayoría de los pueblos son obligatorias tres veredas. Quienes no quieran acudir al llamamiento deben pagar la cantidad estipulada. La asistencia es obligatoria para quienes estén empadronados en el municipio, uno por vivienda.

Isidro Sáenz de Urturi – Etniker Álava – Grupos Etniker Euskalerria

Para más información puede consultarse: Gurutzi Arregi. “Auzoa” in Euskaldunak, 3. 1980, pp. 601-656.

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