El vestido peligroso (II)

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La túnica de Neso.

Quien se haya quedado sorprendido al descubrir estas analogías entre leyendas del País Vasco y de la India, más admirado se quedará cuando sepa que en ellas suenan los ecos de mitos viejísimos, como los griegos de la túnica de Neso, el vestido de Medea y el collar de Harmonía: piezas de indumentaria, todas ellas, capaces de causar una muerte dolorosísima a quienes tuvieran la inconsciencia o la temeridad de ponérselas. Para que podamos tener más base de comparación, leamos las palabras con las que el gran mitógrafo francés Pierre Grimal resumió el mito de la túnica del centauro Neso:

Después de su matrimonio con Deyanira, Heracles vivió bastante tiempo en Calidón; allí Deyanira le dio un hijo, Hilo. Luego, marido y mujer abandonaron la ciudad, y por el camino, al pasar un río, el centauro Neso trató de violar a Deyanira; pero fue muerto por Heracles. Sin embargo, al morir, dio a la joven esposa una droga en cuya composición entraba sangre de la que había manado de su herida, diciéndole que era un filtro amoroso. En Traquis, Heracles y Deyanira fueron acogidos por el rey Ceix, y los tres combatieron contra el pueblo de los dríopes. Cuando Heracles se enamoró de Yole, Deyanira, movida por los celos y deseosa de hacer revivir en él su amor, tiñó una túnica con la droga que le había dado Neso y la envió a Heracles. Tan pronto como la túnica tocó su piel, una quemadura devoradora destrozó poco a poco el cuerpo del héroe, que, no pudiendo resistir el dolor, se abrasó en el monte Eta. Al conocer la verdadera naturaleza del supuesto filtro, Deyanira se suicidó. Se enseñaba su tumba en Traquis.

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El collar de Harmonía.

Las moralejas que podríamos extraer de nuestro veloz seguimiento de los pasos de la leyenda tradicional que Azkue había anotado en Dima, Arratia, son muchas. Pero nos quedaremos con solo una: con que los relatos orales son unos migrantes sin papeles que hacen bastante poco caso de pasos fronterizos, lenguas, clases sociales, épocas. Nacen no se sabe dónde ni cuándo, calan hasta en los rincones más impensables, se quedan a vivir en lugares que los adoptan como hijos suyos (aunque sean de todos), y tienen la habilidad de expresarse en todas las lenguas que quepa imaginar. ¿Quién le iba a decir a Dominica Zalbidegoitia, en su caserío vizcaino, que el cuento que ella gustaba de relatar, en su euskera de toda la vida, era hermano, a veces primo, de los cuentos que llevaban narrando tantas otras personas, desde hace milenios, en lenguas bien diferentes, en su continente y en otros?

José Manuel Pedrosa – Profesor de la Universidad de Alcalá

Bibliografía:

R. Mª. de Azkue, Euskalerriaren Yakintza. Madrid: 1989.

J. M. de Barandiarán, Eusko Folklore. Materiales y Cuestionarios. 1921, núm. XI.

J. M. Pedrosa, “La contribución de Asturias a la mitología y la leyendística hispánicas: a propósito del cinturón de la xana”, El patrimonio oral de Asturias. Actas del Congreso Internacional, Oviedo, 2016, pp. 89-127.

Ilustraciones tomadas de wikipedia.org.

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