Las marzas

1947 Comilona de Las Marzas
Cuadrilla de jóvenes de la parroquia de Biáñez celebrando la comilona, 1947. Julián Ahedo.

En el Valle de Carranza las marzas tuvieron en tiempos pasados gran arraigo. Festividad pagana que conmemora la llegada de la primavera, cuyo origen se pierde en el tiempo y que Julio Caro Baroja ha relacionado con el comienzo del año romano. Fiesta de cuestación que tradicionalmente se celebraba el primero de marzo. Niños o jóvenes, todos varones, se juntaban en cuadrillas de cuatro a ocho marceros (nombre con el que se conocía a sus componentes), para recorrer los barrios del Valle cantando las marzas. Ataviados con ropas de diario, portaban zumbas, cencerros y esquilonadas con las que hacer ruido. Acompañaba a la cuadrilla el zarramasquero, el encargado de llevar el zarramasco, que era un ramo de acebo engalanado con tiras de papel de colores. Su vestimenta se diferenciaba del resto de la cuadrilla por llevar sobre el pecho y la espalda dos melenas de oveja, cruzadas con correas de esquilonadas, y colgando de la cintura varios cencerros que hacía sonar con sus saltos durante el canto de las marzas. En ocasiones, se cubría la cara con una careta hecha con la piel de un animal.

Los marceros, colocados en círculo delante de las casas, iniciaban el canto con unas coplas de salutación, pidiendo permiso a los dueños para cantar: Marzo florido, seas bienvenido, / florecido marzo, seas bien llegado, / a esta casa honrada, señores llegamos, / si nos dan licencia, las marzas cantamos… En las casas en las que se guardaba luto los marceros no cantaban, rezaban un padrenuestro.

El canto seguía con una serie de coplas petitorias: Si nos dan torreznos, no corten los dedos, / y también nos gustan, chorizos y huevos… Finalizadas estas los marceros procedían a recoger los alimentos o algún dinero con que les obsequiaban.

Como agradecimiento por la generosidad de los dueños de las casas, los marceros finalizaban entonando unas pequeñas estrofas: Dios le dé mucha salud, a la ama de esta posada, / que para dar limosna, nunca ha sido mala. Por el contrario, cuando no recibían obsequio alguno, cantaban: Balcones de hierro, ventanas de alambre, / vamos compañeros, que aquí ladran de hambre.

1987 Las Marzas en Aldeacueva
Cuadrilla de alumnos de la Escuela Pública de Concha cantando las marzas en el barrio de Aldeacueva, 1987. Miguel Sabino Díaz. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Unos días después los marceros se reunían para celebrar la ‘comilona’ con los alimentos que habían recogido. A partir de los años 1960 fue perdiendo paulatinamente su identidad, hasta dejar de celebrarse a finales de los años 1990.

El canto de las marzas es una antiquísima tradición que en tiempos pasados estuvo extendida por valles y comarcas de Burgos, Cantabria, norte de Palencia y de Soria y occidente de Bizkaia (Arcentales, Carranza, Lanestosa y Trucíos).

Para más información pueden consultarse: Tomo dedicado a los Ritos del Nacimiento al Matrimonio en Vasconia del Atlas Etnográfico de Vasconia y “Calendario popular de Euskalerria. Fiestas de cuestación. Karrantza” en Etniker Bizkaia 9.

Miguel Sabino Díaz – Etniker Bizkaia – Grupos Etniker Euskalerria

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